Hombre de Barrio

Si eso era mi padre, un hombre de barrio. Nació, creció y murió en su barrio.

Nunca se fue más de quince días y siempre regresó extrañándolo.

Ahí era Luisito, el hijo de la bordadora.

A cada vuelta de esquina vivía un amigo, 

todos con alguna anécdota divertida de su infancia o juventud.

Luego hubo unas caras nuevas, que el tiempo trajo

pero más tarde o temprano llegaban a conocerlo

y llamarlo Luisito, como de toda la vida.

Era serio y distante, imponía respeto,

hasta que lo conocían y nacía la confianza, 

las confidencias contadas en la puerta de la calle.

Así como se hace en el barrio.

Ese día del amigo no dejaba de sonar el teléfono,

todos querían hablar con él, era como si supieran

que sería la última vez.

Y así se fue tranquilo, en silencio, rodeado

de la gente de su barrio.

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